El editor, crítico e investigador Antonio Martín, en Palma. | M. À. Cañellas

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A Antonio Martín (1939) –sevillano por accidente y barcelonés por elección– hay que agradecerle, entre otras muchas cosas, que Dragon Ball llegara a nuestro país, en castellano y en catalán, o que «volviera la dignidad a los tebeos de Marvel». Así lo aseguran desde Univers del Còmic y Dolmen Editorial, que este miércoles por la tarde organizaron un encuentro con Martín en el Café Barroco de Palma. El acto estuvo presentado por Jaume Vaquer. Cabe recordar que hace un año, Dolmen, sello comandado por Vicente García, publicó Desde la penumbra. Eclipse en Cómics Forum 1989-1992, un repaso de la creación de Forum hasta la cancelación de la línea Eclipse. Asimismo, Martín aprovecha la visita a la Isla para concretar futuros proyectos con Dolmen, así como hablar con Vaquer sobre el propósito de este de crear un museo del cómic en la Isla.

Martín, que empezó a estudiar Periodismo e Historia pero rápidamente se dio cuenta de que «no quería estudiar a Ferran VII o Alfonso XIII, sino la historia del cómic», empezó a trabajar en el mundo editorial y en el mundo teórico del tebeo en 1969. Unos años después entró a formar parte de Planeta bajo las órdenes de José Manuel Lara Bosch, quien contrató los derechos de Marvel para publicar la serie de cómics de Spiderman, Hulk y Conan. Esto se llevó a cabo, en un primer momento, bajo el sello Ediciones Forum y, a partir de 1986, bajo el nombre de Planeta DeAgostini.

Calidad

«Quería editarlos lo mejor que pudiera, pues hasta ese momento la mayor parte de lo publicado de Marvel en España era de muy mala calidad. Por ejemplo, se recortaban algunas viñetas para que cupieran en un formato más pequeño o las traducciones eran malas», cuenta. «Empecé a crear secciones dentro de los tebeos, sugerí añadir los correos de los lectores e incluso di un paso más y creé una línea telefónica para que pudieran llamar», relata.

Portada de ‘Desde la penumbra’ (Dolmen).

Dotado con una memoria prodigiosa, recuerda perfectamente cuándo y cómo dio con Bola de Drac. «Llegaba a comer a casa y ahí estaba, en TV3. Era a principios de los 90. Los primeros días no le prestaba tanta atención, pero al quinto ya me senté en el suelo para mirarlo. Era algo extraordinario que causaba fervor entre los más jóvenes. Entonces pensé: ‘¿Por qué no lo editamos en España? Tardé un año en poder ponerme en contacto con Tuttle-Mori, la agencia de derechos más importante de Japón. Les enviamos un montón de faxes y accedieron. Las condiciones fueron muy buenas para Planeta deAgostini», recuerda.

Martín fue el primer editor occidental de la serie ‘Dragon Ball’ y gracias a él llegó a España.

«Luego propuse publicar también en catalán, pero Lara Bosch me dijo que no porque las ediciones en catalán no daban dinero. Sin embargo, TV3 se enteró de que Planeta tenía los derechos y lo negoció. Y así fue como Dragon Ball y Bola de Drac salieron a la venta de forma simultánea. Curiosamente, algunas comunidades autónomas prohibieron la emisión por temas sexuales, sobre todo por el personaje del maestro tortuga. Así que se acabó vendiendo mucho mejor, al menos al principio, en catalán que en castellano. Inicialmente, Bola de Drac vendió 85.000 ejemplares, nada visto en Planeta de Agostini en tebeos, y en castellano, 40.000». «Todo eso fue por empeño mío y presumo de ello en el sentido de que le vi posibilidades al personaje y se lo planteé a la editorial, que sigue publicándolo hoy en día», afirma.

Desde 1982 y hasta el 2000 fue el director editorial de Cómics Forum (Planeta) y publicó los cómics de Marvel.

Marvel

En cuanto al fenómeno Marvel, Martín reconoce que los tiempos han cambiado y «los videojuegos y redes sociales se han comido el interés de los jóvenes en comprar y leer un cómic». Respecto al aluvión de películas que se estrenan del universo Marvel, el editor y analista confiesa que «mantienen la personalidad de los superhéroes, crean guiones nuevos y no siempre tienen mucho que ver con los argumentos de los cómics». ¿Hay mucha nostalgia en el mundo del cómic? Martín opina que sí, «aunque todos lo somos un poco». «La nostalgia me parece un valor que no hay que condenar. Está bien acordarse de las buenas cosas del pasado, pero en cómic, aunque también sucede en el cine, los nostálgicos siguen queriendo leer los mismos cómics de cuando tenían 10 años, pero los personajes, los guionistas y el mundo en general sigue evolucionando», apunta.

Polémica

El año pasado, Martín recibió el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona por ser un «referente» en la investigación de los tebeos. La distinción levantó polémica porque era la primera vez que ese reconocimiento no caía en manos de un creador. Más de 300 autores firmaron un manifiesto en su contra. «Fue un desperdicio de inteligencia y de tiempo, aunque estaban en su derecho. El problema vino por las bases del premio, que establecían que se podía otorgar el premio a alguien del sector del comic que hubiera llevado a cabo un gran trabajo o una gran labor. De hecho, inicialmente el premio se llamaba algo así como ‘premio a la labor de toda una vida’. Si se hubiera seguido llamando así, probablemente no hubiera habido tal polémica. A raíz de las quejas, en las bases se añadió explícitamente que solo se podía dar el galardón a algún dibujante o autor. Pero el jurado no dio marcha atrás ni tampoco FICOMIC, entidad que organiza el evento. Me encontré en medio de un torbellino. Mediáticamente intentaron lincharme y lo hicieron», concluye.