Una pareja practicando sexo callejero en Es Jonquet se ha convertido en el detonante de las protestas vecinales.

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Los vecinos de Santa Catalina han decidido seguir en su lucha contra los excesos del barrio y el miércoles por la tarde acudieron en bloque a las dependencias de la Policía Local en San Fernando para denunciar a ocho locales conflictivos, así como los problemas que se viven en diez calles de esta zona, entre las que están Fàbrica, Monseñor Palmer, Torrent, Sant Magí, Cotoner esquina con Aníbal o Comte de Barcelona.

«Hemos venido a denunciar lo que está pasando en Santa Catalina. Somos una veintena de vecinos que viven en diferentes calles donde locales deo cio y restauración están provocando ruidos y molestias a los residentes», dijo un representante de la Associació Barri Cívic de Santa Catalina a la salida de la sede de la policía. «Pedimos que se revise las licencias de bares y restaurantes que tienen abierto más allá de la medianoche, donde se están celebrando conciertos, se pone música a todo volumen y se ponen copas, pese a que no se les permite en la licencia que tienen concedida», advirtió.

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Los miembros de la asociación denunciaron la dejadez del Ajuntament de Palma ante la situación que vive el barrio de jueves a domingo, aunque hay locales que tienen abierto toda la semana. «Un vecino denuncia que hay una hamburguesería que por la noche se convierte en onza de copas. Otros cuentan que hay pubs que utilizan terrazas de fincas privadas para colocar sus mesas y sillas y además, invade la vía pública. Estamos teniendo enfrentamientos entre vecinos y restauradores y los propios clientes lanzan objetos contra las fachadas si pedimos desde las ventanas un poco de silencio», añadieron desde la Associació Barri Cívic de Palma.

Los vecinos señalan que llevan quince años denunciando «pero ahora nos hemos juntado físicamente porque el ocio va a más en Santa Catalina y es insostenible. Bares y restaurantes se han quedado con el espacio público y esto se ha convertido en la Gomila de los años 90. Somos un barrio de 8.000 habitantes y a esto se une la llegada de residentes de toda la Isla, el turismo, los alojados en hoteles y en barcos, los Airbnb... El turismo y la fiesta ha hecho esto con nuestro barrio», advirtieron.

También reclamaron que haya presencia policial continua y un plan de barrio, «la manga ancha con las terrazas» y la falta de seguimiento en el cumplimiento de la licencia de actividades. «Esto es un barrio sin ley y solo queremos dormir ocho horas», pidieron los vecinos.