El músico, compositor y productor Andrés Ballinas. | Jaume Morey

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Decir que España no suele brillar en el festival de Eurovisión es un eufemismo tan grande como afirmar que los rusos son excelentes fabricantes de automóviles. Y es que, históricamente, España es un país gafado en este prestigioso certamen musical. Sonados son los batacazos de Víctor Balaguer, Conchita Bautista y Remedios Amaya, a quienes no votó ni el tato. Cero votos. Tremendo. Pero, remontémonos a 2013, año en el que el trío asturiano El Sueño de Morfeo se estrellaba con un paupérrimo penúltimo lugar. Ese mismo año, el mallorquín Andrés Ballinas compuso Glorious, un tema que pendulaba entre el eurodance y el house, un sonido muy en boga en aquellos días. Dicho tema lo defendió sobre el escenario de Eurovisión el conjunto alemán Cascada.

Glorious aparecía en todas las quinielas para hacerse con el ‘premio gordo’, sin embargo «al final no acabamos arriba, pese a que durante toda la semana estuvimos en el TOP 5. No quiero entrar en temas políticos, pero no eran los mejores años del mandato de Merkel», desliza entre risas Ballinas, hijo de madre sueca y padre mexicano, quien durante años colaboró con Cascada. Juntos, desenvolviéndose en el complejo mundo del house, se hicieron con nada menos que cinco discos de oro.

Eurovisión fue una puerta que se abrió para nuestro protagonista tras aceptar una propuesta de la discográfica Universal Music. «Un año antes, en 2012, en el festival se había impuesto un tema de eurodance de Loreen –Euphoria– y me propusieron componer algo del estilo para Alemania». El equipo superó la competitiva preselección alemana y fue a defender el tema a la ciudad sueca de Malmö, donde vivió una experiencia «muy bonita». Pese a que «el tema no ganó Eurovisión, sí tuvo mucha repercusión en el mercado alemán, donde sonó bastante en la radio», explica el músico, compositor, productor y restaurador (posee dos restaurantes en Palma).

Ballinas, que ha desarrollado el grueso de su carrera en el extranjero, llegó a tener un contrato discográfico en Alemania como cantante, «el disco tuvo repercusión por Centro Europa», subraya. Esa experiencia, que estrechó su relación con quienes eran sus productores, forjó una nueva unión: «Comencé a componer con ellos en un proyecto que se mueve en el ámbito de la electrónica, el deep house y la música comercial».

Actualmente, se desempeña en la producción y composición para otros artistas. «Tengo el estudio repartido entre Mallorca y Alemania, así que voy y vengo mucho», reconoce. En todo este tiempo, su legado ha cosechado «grandes éxitos por medio mundo». Mientras aguarda el fin de la pandemia, lucha por reflotar sus dos restaurantes, que «han sufrido mucho en este último año».

Andrés, junto al ‘staff’ alemán desplazado a Malmö por Eurovisión.