Pedro Mir y Práxedes Rosselló junto al cuadro de Catalina Homar y Pedro Mir, los fundadores del negocio hace medio siglo. | T. Ayuga

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Pastelería Mir, uno de los comercios más emblemáticos de Palma, reabre sus puertas tras siete meses de inactividad. Con 50 años de servicio diario a sus espaldas, endulzando la vida de los vecinos del Coll d’en Rabassa, esta pastelería se ha resistido a ser una víctima más de la pandemia.

Pedro Mir, hijo del matrimonio fundador formado por Catalina Homar y Pedro Mir, se ha hecho con las riendas del negocio, que en los últimos años gestionó su hermano Magí, ya jubilado.

«Hemos reabierto por petición popular, el tema afectivo ha pesado mucho, no se podía perder la tradición familiar», afirma Pedro Mir, a quien acompañan en su aventura su mujer, Práxedes Rosselló, y su hermano Miquel, «que nos ayuda a mantener el sello tradicional». Popular por sus ensaimadas, el cliente de Pastelería Mir también aprecia sus cocarrois, panades, cocas de verdura y llonguets, elaborados artesanalmente en su propio obrador, utilizando «productos frescos de Mallorca».