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«La gente no sabe lo que vale un zapato». Pero Martina Candela se ha propuesto remediarlo. Esta italiana de 27 años organiza en su finca de Son Content, en Palma, talleres grupales en los que enseña a confeccionar a mano sandalias de cuero. El pasado sábado, cuatro amigas de Ciutat se animaron a probar ser artesanas por un día. Xesca, Martina, Aina y Jose eligieron cada una su suela a medida, su tipo de cuero preferido y siguieron paso por paso las instrucciones, siempre bajo la cercana supervisión de Martina Candela. La historia de esta italiana refleja bien un cambio de perspectiva.

Se licenció en Economía en Italia, pero, nada más empezar a ejercer, descubrió que «ese mundo de prisas y estrés» no era para ella. Aterrizó en Mallorca para visitar a unos amigos... y aquí se quedó, enamorada de la isla. Recorrió sus playas, montañas y pueblos y, la casualidad o el destino, la llevaron a conocer en un mercadillo de Lloseta a Andrés, un artesano. Con él, aprendió el oficio durante cuatro años. Mano a mano y a la vieja usanza. Confeccionando elementos de cuero encontró la paz que tanto buscaba, y es lo que ahora pretende transmitir al público general con sus talleres.

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Es el segundo año que Martina realiza estas actividades. La idea surgió tras el confinamiento, como intento por reconectar con la gente y con la naturaleza, a la par que divulgar el trabajo artesano. Es lo que se conoce como el movimiento slow leather: una reivindicación de lo original y manual, en contraposición con los productos fabricados en masa. «La gente tiene que aprender que las cosas llevan su tiempo y su esfuerzo», subraya. La propuesta pone énfasis en la creación de productos atemporales, de calidad, con diseños propios y apostando siempre por proveedores locales. «Es importante que se reconozca la figura del artesano. Hacen falta ayudas y mayor visibilidad. A veces parece que ya solo somos cosa del pasado y que ahora solo existen los grandes almacenes».

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Eso sí, no todo fue trabajar. A la hora de la comida, Martina agasajó a sus alumnas con un buen menú mediterráneo casero, con tortilla de patata, cocarrois y aperitivos varios. «Ha sido muy curioso aprender a hacer un zapato. Ves todo el trabajo que conlleva. No es tan difícil como parece, pero hay que conocer la táctica», comentaba Xesca. «La gente quiere todo ya, pero hay que aprender que todo tiene su tiempo», recalca la profesora. Tras una buena 'xerradeta' durante la comida, las cuatro amigas retomaron el trabajo y, tres horas después, salían de la finca de Son Content de estreno, calzadas con sus nuevas sandalias a medida.