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En una ocasión preguntaron a Winston Churchill cuál era para él el mejor país del mundo. Muchos esperaban que dijera Gran Bretaña. Pero no, respondió que era España. Sorprendidos, le preguntaron por qué y Churchill respondió: «Porque durante cientos de años los españoles lo han querido destruir y nunca lo han conseguido». Ahora pasa lo mismo con los catalanes en connivencia hasta con el mismísimo rey Felipe VI , que firmó el indulto de los presos del ‘procés’, independentistas, republicanos confesos y hasta orgullosos de serlo y reincidentes en eso que llaman la lucha política por un referéndum catalanista.

Siempre he respetado las ideas de los otros aunque difieran de las mías, pero ellos no. Han creado dos Cataluñas, han enemistado amigos de toda la vida y han separado familias que antes convivían en paz y todo por no pensar igual. Han actuado como esas sectas davidianas que existen en EEUU y cuyo líder sectario aquí sería un tal Puigdemont con los Junqueras y Forcadell de turno. Unos viviendo a cuerpo de rey en Waterloo y otros, no conformes con el ingenioso indulto de Sánchez , esperando la amnistía como si fueran Gandhi o Mandela . Mientras, el Rey ayuda a desmontar una España que juró defender manteniéndola unida. Curioso legado para su hija, la princesa Leonor . Y curioso marrón nos deja a quienes aún creemos en esta España rota, hundida en lo social y en lo económico; olvidando que en Latinoamérica se habla español y no catalán y que la literatura empieza en el Quijote y termina en Unamuno , Galdós o García Márquez y hasta en Federico García Lorca .