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Lo ocurrido con los viajes de fin de curso a Mallorca ha sido un claro exponente de fracaso colectivo y de la irresponsabilidad y el egoísmo no solo de unos centenares de chavales y chavalas, sino de buena parte de sus padres, agencias de viajes, hoteleros y hasta de una jueza. Los máximos responsables son, sin duda, quienes han participado en conciertos, fiestas y botellones saltándose a la torera las medidas sanitarias. Pero responsabilidad tienen también esos padres que, al grito de ¡Libertad para mis hijos! han removido cielo y tierra para que una jueza, responsable también, haya permitido que más de cien chavales abandonen el confinamiento pudiendo esparcir el virus.

No cabe duda de que la jueza tendría sus argumentos legales y que a ellos tenía que atenerse, pero tampoco la cabe de que permitirles romper el confinamiento supone poner en riesgo la salud de terceras personas. De poco o nada sirve argumentar que los chavales a los que les ha permitido salir habían dado negativo en las PCR porque llevamos un año de pandemia en el que han sido miles quienes han sido confinados por haber estado en contacto con positivos sin haberse contagiado. Es un tema de responsabilidad y solidaridad, conceptos demasiado en desuso hoy en día.

Responsables también quienes organizaron los viajes sin poder garantizar, porque era imposible, que esos chavales cumplirían las medidas sanitarias. No cabe argumentar que solo han vendido los billetes y las reservas de hotel y que no tienen la culpa del uso que los chavales hagan de ellos. Sin esos billetes posiblemente esos chavales no se habrían contagiado.

Pero la verdad es que responsables somos todos, porque hemos fracasado inculcando a los chavales durante un año entero que lo del virus era una cuestión de las personas mayores, que los jóvenes no se contagiaban o, si lo hacían, eran todos asintomáticos y aquí no pasaba nada. Como bien dice la jefa de estudios de uno de los institutos donde estudiaban esos chavales: «Os vais a Mallorca en busca del coronavirus después de que durante meses, en el instituto, nos hayamos dejado la vida para que no os contagiéis y no contagiéis a vuestras familias. Si algo he aprendido este año, con toda la información que manejo como jefa de estudios adjunta, como coordinadora COVID y como rara avis que no entiende otra forma de vida que en sociedad [...] es que hemos vuelto a fracasar por culpa del individualismo, del egoísmo y de un egocentrismo mal gestionado» Es mucho, muchísimo, lo que nos queda a todos por hacer para que cosas así no se vuelvan a repetir.