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Ya me dormía cuando empezaron las votaciones en Eurovisión, y se me aceleró el pulso cuando una cubano-catalana-española de nombre francés empezó a sumar puntos. Luego parece que Europa quiso dar la victoria a Ucrania, a modo de respaldo político. Vaya, yo creía que era un concurso de canciones, pero por lo visto esto era lo de menos. Era un espectáculo, casi un especta-culo, a juzgar por los modelitos de algunos cantantes. Era un espectáculo de baile, y en eso ganó la española, sin lugar a dudas. Dijo que había trabajado mucho para cantar y bailar al mismo tiempo, y se notaba. La agilidad y los ensayos previos de Chanel y su grupo quedaban fuera de dudas. Creo que lo llaman ‘Chanelazo’, como si ya pudiera comprarse un ‘chaletazo’ con la carrera que le auguran. Mi suegro solía disfrutar un plato de pechuga de pollo que él llamaba ‘pechugas a la Lollo’ (por Gina Lollobrigida).

Ahora se impondría ‘muslitos a lo Chanel’. El espectáculo era muy bueno. Me quedé con el momento en que Chanel cerraba las piernas apoyada en su partenaire. Las cerraba con una lentitud plenamente musical. La música sincopada, el ritmo marcado con percusión, los ‘instrumentos de viento’, je, je… Michael Jackson se removía en su tumba. Y Jennifer López tomaba nota de que no debió de perderse esta canción. Pero «no se confundan, yo siempre estoy ready». Ahí ‘ready’ rima con ‘ridi’, abreviatura de ridículo.

Hoy la letra de una canción tiene que ser escrita con abreviaturas de móvil, bueno… tiene que ser escrita con el móvil, simplemente. Lo llaman la ‘generación muda’, porque se limita a escribir mensajitos con el móvil, lo que va camino de convertirse en toda una generación literaria, como la generación del 900, la generación del 98, la del 27 o la perdida. Ya lo dicen: «Te voy a hacer una perdida». (Menos mal que se refieren a una llamada perdida). Quitando todo esto de la modernidad la letra no decía nada. Pero no decir nada es algo, hoy en día. Hay silencios atronadores. Vale más caer en gracia que ser gracioso. Por cierto, la canción se llamaba SloMo, lo de Mo con mayúscula, como la capital de Menorca.