El cantante Sheldon Riley, durante una actuación para la gala de Eurovisión. | YouTube Eurovisión

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Más de 14.000 kilómetros y ocho horas separan Europa y Australia, pero ello no impide que estos últimos participen en Eurovisión, la cita televisiva no deportiva más vista en el mundo. Sin embargo, a muchos les parece extraña e, incluso, «inoportuna» la participación australiana. Pero tiene un motivo Eurovisión es el mayor evento televisivo no deportivo del año a nivel mundial y llega desde 1984 a las Antípodas. Desde ese año, la televisión pública australiana emite en directo la gala final y los «eurofans» no han parado de crecer. Sin embargo, el verdadero idilio entre Australia y Eurovisión comenzó en 2014, cuando Dinamarca (la organizadora aquel año del concurso) invitó a actuar a Jessica Mauboy, una cantante australiana. No participaba en el concurso, pero solo con esa actuación, la emisión logró sumar más de 2,7 millones de telespectadores australianos. El año siguiente, en 2015, con motivo del 60º aniversario del concurso y tras los buenos datos de audiencia, Europa invitó por primera vez a Australia a participar en Eurovisión.

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El representante australiano es Sheldon Riley, que llevará a Turín (Italia) el tema Not The Same. Riley ganó por goleada el concurso de la televisión pública Australian Decides. Lo sorprendente es que, según él mismo contó, sufre síndrome de Asperger: «Me dijeron que no iba a hablar, socializar, conseguir un trabajo real o incluso funcionar como un ser humano normal», ha contado a la prensa. «Cuando me di cuenta de que estaba bien, me convertí en una mariposa social y todo salió muy bien». La letra de la canción la escribió en una publicación en Facebook cuando tenía 15 años.

Desde que participa en el concurso, Australia siempre ha quedado entre los primeros 10 concursantes. Su mejor resultado fue en 2016 con Dami in en Suecia, cuando quedaron segundos. También quedaron quintos en 2015 y novenos en 2017 y 2019. En caso de ganar Eurovisión, el concurso no podría celebrarse en territorio australiano, pues contraviene las normativas del propio concurso (que obliga a celebrarlo en suelo europeo). Ante ello, el gobierno de Australia firmó un acuerdo con Islandia para, en caso de victoria australiana, celebrar Eurovisión en Islandia.