Toni Gelabert trata la tierra y las plantas con delicadeza y por ello éstas se lo agradecen en forma de vino. | Redacción Part Forana

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Toni Gelabert es sinónimo de uno de los mejores vinos ecológicos que se elaboran en la Isla. Lejos de los focos mediáticos o de las ocurrencias de otros productores, Gelabert trabaja sus tierras con esmero, cuidado y paciencia. «Empecé en esto como un hobby y quiero que lo siga siendo, quiero mantener la pasión por el vino sin olvidar lo complicado que es fora vila».

Toni Gelabert trabajaba en la construcción pero poco a poco el vino lo embriagó, lo sedujo. Así con la crisis de la construcción de finales del siglo pasado optó por el vino y abandonar los andamios. Hoy, en su bodega de Son Fangos, elabora unas 30.000 botellas de vino en cada cosecha. Recipientes que aguardan una gran calidad. Ello es el resultado de mimar la vid, la tierra y saber elegir las barricas adecuadas o muchos otros factores que llevan al payes, al fora viler, al bodeguero a tener un buen producto. Para todo ello, Toni Gelabert cuenta con una aliada, la luna.

No es que Toni Gelabert sea un lunático, pero si que tiene en cuenta la luna. Además se le ve que para el vino, Toni, és tallat de lluna. En Mallorca fue el primero que levantó la cabeza para mirar la influencia del astro. Desde el principio tenía muy claro que la elaboración de sus vinos sería con respeto a la tierra. «Yo vengo de una familia de fora vilers y siempre había oído hablar de la tierra con referencia a la luna. Recuerdo cómo mis padres trabajaban para conseguir la producción de xítxeros (guisantes) una semana antes que los demás. Ello te posicionaba a un buen precio en el mercado. Y todo aquello te va quedando en la memoria».

«Al principio -señala Gelabert- aquí nadie sabia nada del calendario lunar y tenía que solicitarlo a la Península. Ahora está más extendido». Toni Gelabert, en sus tierras y sus viñas, fue de los primeros del Estado en aplicar las directrices de la biodinámica «no la hacemos de forma extrema. No hacemos vinos naturales. No me gustan los extremos ni por un lado ni por el otro» asegura. Pero con las indicaciones lunares, para podar, vendimiar, embotellar u otros trabajos «lo seguimos a rajatabla». «Y además -añade- estamos muy contentos de ello y los resultados lo avalan. La demanda de los clientes también creo que lo certifica. La biodinámica son pequeños detalles que hacen un resultado global».

De la actualidad vitivinícola de la Isla Gelabert señala que «estamos en un buen momento con una clara apuesta por la calidad, pero debemos mantener este nivel por sobre del dinero.

También asegura que «para que el vino sea rentable lo tendríamos que vender por el doble pero también es verdad que si abusas con el precio te puede pasar factura. Para mi lo más complicado es poner un precio equilibrado». «Tenemos que aprender a valorar lo que tenemos y dar el precio adecuado. La gente debería aprender a hacer cuentas y conocer cuánto cuesta una elaborar una botella. Como mínimo se debe pagar el precio del coste».