Las gambas con verduras valieron un 10. | Andrés Valente

0

Hace unos diez años fui a un restaurante nuevo en el centro de Palma donde pasé una velada desastrosa, principalmente por culpa del jefe de sala que parecía más bien un camarero novato. En un comedor inmenso, las mesas estaban tan cerca las unas a las otras que era como si tres parejas desconocidas estuviéramos comiendo juntas. Y éramos los únicos comensales en aquel momento, en un restaurante que presumía de ser de altos vuelos. Una pareja alemana mayor, muy señores desde su elegante ropa de marca hasta sus modales nobles, estaban disfrutando de una bandeja de jamón ibérico de pata negra, cuando el maître se acercó con sus platos principales, un solomillo de ternera y un lenguado. No había ni un espacio libre donde poner esos dos platos. El alemán, totalmente tranquilo y cortés, dijo en un inglés exquisito, que seguirían con el jamón, que no comerían el solomillo ni el lenguado, pero que pagarían ambos. Y pidió la cuenta. Nos dijo que habían cenado ahí la noche anterior y habían comido de maravilla. Por norma, nunca van al mismo restaurante dos veces seguidas porque con la segunda visita hay un riesgo de no dar en la diana… precisamente lo que pasó aquella noche.

Pensé en ese matrimonio alemán el otro día por una experiencia totalmente contraria: había fallos inesperados en la primera visita a un restaurante y decidí volver para dar al cocinero una segunda oportunidad. A veces una segunda visita no solamente es importante sino necesaria. Este sitio era Café Estribor en calle Berenguer de Tornamira 5, detrás de El Corte Inglés en Jaime III, regentado por un matrimonio chino: él solo en la cocina, ella en el comedor con la ayuda de una camarera española.

Las gambas rebozadas y los rollitos
Las gambas rebozadas y los rollitos.

Mi visita a ese café empezó con buenos augurios. Cuando estaba acercándome a la puerta, Marcos Madrigal, jefe de la carnicería de El Corte Inglés, estaba saliendo, habiendo merendado ahí. Es un cliente asiduo, me habló bien del cocinero Li y recomendó el plato de gambas con verduras y arroz blanco. Nada más entrar en el comedor, me encontré con Jaime Caceres, conocido jefe de sala que trabajó durante muchos años con Marc Fosh («Marc es mi mentor», siempre dice Jaime) y que esta semana empezó en Hotel Cort. Jaime es un cliente habitual y también alabó los platos de Li.
Como Marcos había hablado bien de las gambas con verduras, decidí empezar con unas gambas rebozadas (7,50 euros) y dos rollitos de primavera (3,20 euros), platos que vienen con garantía porque los cocineros chinos saben manejar rebozados y freidoras. Pues, tanto las gambas como los rollitos fueron aceitosos. El rebozado estaba ligero y crujiente y las gambas salieron perfectas, con una textura tersa que solo se puede conseguir con buenas gambas y cocineros hábiles. Pero había mucho aceite en medio.

Las alitas de pollo, una ganga a 5,50 euros
Las alitas de pollo, una ganga a 5,50 euros.

Pasé a las gambas con verduras (8 euros) y de nuevo el marisco era impecable, con la misma textura de las rebozadas y con buen sabor. Las verduritas, tajaditas de zanahoria, judías verdes, col, cebolla tierna y brécol, estaban al dente, incluyendo el brécol. Solo los chinos consiguen brécol en su punto porque lo sofríen en crudo y por poquísimo tiempo. El arroz estaba blando, que es como los orientales lo prefieren, pero con los granos bien separados. Fue un plato 10. También comimos espléndidas alitas de pollo (5,50 euros) y costillas de cerdo muy carnosas (6,50 euros).
Luego decidí dar al cocinero una segunda oportunidad de servir los rollitos y las gambas rebozados como toca: sin un exceso de aceite. En esta segunda visita todo estaba bien, tanto al lado de puerto como al estribor. Las segundas visitas pueden terminar bien.