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Las mujeres con vaginismo vienen sufriendo la falta de tratamientos adecuados, atribuible al machismo que también está presente en la medicina, aunque algunas pacientes empiezan a romper su silencio al tiempo que se crean unidades especializadas pioneras, como en la Mutua de Terrassa.

Marta, a punto de cumplir los 40, ha explicado que nunca ha conseguido tener relaciones con penetración, ponerse un tampón o realizarse una exploración ginecológica completa pues desde su primer intento, hace 20 años, ha notado que le «dolía mucho». «Se lo conté a un par de amigas siendo más jovencita, pero una me dijo que dolía a todas, que 'no era para tanto', y la otra me vino a decir que mejor eso no lo contara por ahí, que se iban a reír de mí», ha explicado.

Hace tres semanas vio un reportaje en televisión sobre el vaginismo y se dio cuenta de que eso es lo que le ocurría a ella: «No me lo podía creer, no sabía que le pasaba a más mujeres, pensaba que era algo mío, no sabía que incluso tenía nombre».

«Hablaban de que se había creado una unidad especializada en la Mutua de Terrassa y entonces llamé a mi madre y le dije que a lo mejor lo mío tenía tratamiento, que a lo mejor sí podía cumplir mi sueño de ser madre», ha añadido Marta.

Esa unidad, que aspira a poder ayudar a desarrollar un protocolo para el resto de profesionales de la salud en Cataluña, la conforman, entre otros, el jefe del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario de Terrassa, Oriol Porta, y la adjunta del servicio de Rehabilitación del mismo centro, Núria Pérez.

Su objetivo es dar a la paciente «un abordaje multidisciplinar», y por eso la escuchan al mismo tiempo varios especialistas (ginecólogo, fisioterapeuta y sexólogo, entre otros), para que la mujer no tenga que contar la historia repetidas veces y entre todos se decida cuáles son los mejores pasos a dar.

El vaginismo produce la contracción involuntaria de la musculatura de la vagina, lo que impide la penetración, el uso de tampones o la exploración ginecológica, pero también «suele producir frustración, ansiedad y baja autoestima», han señalado. «Estas pacientes, si es que se deciden a pedir ayuda, se encuentran sobre todo con incomprensión, pues muchos ginecólogos no saben ni tratarlo ni diagnosticarlo bien. A menudo se envía a la paciente directamente al psicólogo, como si fuera algo solo mental, como si no hubiera una parte física», explica el doctor Porta.

«Muchas mujeres no van al médico por vergüenza», lamenta la doctora Pérez, quien dice no poder recordar siquiera si llegó a recibir alguna información sobre el vaginismo durante sus estudios de medicina, a pesar de que se calcula que el vaginismo -explica- afecta al menos al 5 % de las mujeres, aunque «seguramente son muchas más».

Esa primera visita, explican a Efe ambos doctores, es ya parte del tratamiento, pues para muchas pacientes es importante que les expliquen qué pasa y que tomarán en serio su condición para tratarla adecuadamente. Se trata «de que alguien les diga que lo que les pasa no es ninguna enfermedad y que no se lo inventan», ha explicado Porta, que lamenta el machismo que existe en la medicina «como en el resto de la sociedad».

En ese sentido, el facultativo ha destacado: «La educación sexual que todavía se recibe es muy machista y el sexo sigue girando en torno a la penetración, al placer masculino. Hay que educar sobre que la sexualidad va más allá». Así, si no tienen pareja, explica, estas pacientes tienen problemas cuando conocen a alguien y la cosa va a más, pero es que si tienen pareja también viven con ansiedad las consecuencias para su pareja, del que suelen destacar eso de que «el pobre tiene mucha paciencia», pese a que son ellas las que sufren el dolor.

El doctor Porta explica que en la Mutua de Terrassa se han dado las «circunstancias», por el interés del equipo médico y la posibilidad de readaptar sus turnos, de crear la unidad, pero que es difícil que otros hospitales puedan hacer lo mismo si no hay un programa con recursos para ello del departamento de Salud. En paralelo a los primeros tratamientos a pacientes están elaborando un protocolo para especialistas y Atención Primaria.

Y es que el vaginismo impide también que estas mujeres puedan acudir sin miedo al ginecólogo. «Se encuentran desnudas frente a alguien que no conocen, en una postura humillante, con la ansiedad de que lo que va a pasar le va a doler y solo escuchan cosas como 'venga, relájate, que si no, no puedo trabajar'», ha señalado Porta, quien apunta que debe procederse de otra manera.

Marta, que se reconoce en muchas de las reflexiones de los doctores, señala a Efe que estos días se pregunta, veinte años después de empezar a sufrir el vaginismo: «¿Por qué si le pasa a tantas mujeres estamos calladas?, ¿por qué nos da vergüenza hablar de las cosas que nos pasan?».